La Contaminación es el Enemigo Número Uno

Dr. Fischer clinic RGB
por el Dr. Dan Fischer Fundador y CEO de Ultradent Products, Inc.

El motivo más común para que haya sensibilidad postoperatoria en restauraciones adheridas en las que se utilizan resinas compuestas, es que la propia restauración no esté adherida en forma adecuada y total. El enemigo número uno de la adhesión a dentina o esmalte (asumiendo  que el agente adhesivo dentinario esté siento utilizado correctamente) es la contaminación. Mi definición preferida de contaminación es “presencia de cualquier sustancia entre la dentina mineralizada y el adhesivo, ya sea que ésta sea colocada accidentalmente o a propósito”. He adoptado esta definición porque uno no puede efectuar una adhesión a algo que no puede ser grabado – ya sea mediante grabado total o autograbado.

A menudo, el ácido vuelve más insoluble la proteína – incluso la dentina afectada, no infectada, que es la que se encuentra más cerca de la dentina mineralizada en la lesión cariosa que avanza.  Un ejemplo lo ilustra el proceso de curtido, en el cual la piel cruda de un animal es convertida en cuero. La dermis de la piel, que está constituida mayormente por colágeno, se sumerge en un ácido. Uno de los resultados de la inmersión en ácido es que la piel (colágeno) se vuelve más insoluble. Para lograr una interfase adherida de calidad entre el diente y su restauración de composite, debe tener la capacidad de adherirse a cada milímetro cuadrado de la preparación.

En los ’80, Branstrom de Suecia enseñó que incluso un espacio de 2μm entre la restauración y la preparación del diente permitiría al fluido moverse en los túbulos dentinarios con frío/calor o percusión. Cuando el fluido se mueve en los túbulos, el resultado es el dolor. Para evitar este tipo de dolor y para mejorar la calidad y longevidad de nuestras restauraciones adheridas, debemos lograr que estén adheridas íntimamente a cada milímetro cuadrado del diente.

Con materiales como la amalgama o el compómero, se puede sobrevivir colocándolos –como norma – contra la dentina afectada. Este no es el caso con restauraciones de composite.  Debido a que nosotros como dentistas debemos aceptar la responsabilidad inmediata del esmalte que acabamos de remover, es primordial sellar cada túbulo dentinario. El diente no estaba sensible hasta que removimos el esmalte y expusimos la dentina. La dentina contiene de 10.000 a 30.000 túbulos por milímetro cuadrado y cada túbulo tiene un fluido delicado, tipo plasma, que puede moverse hacia su interior o exterior, causando dolor intenso. Para sellar esta dentina cortada en forma “hermética”, debemos estar perfectamente adyacentes a la dentina mineralizada.

Debemos prevenir la contaminación, ya sea de sangre rezumando de los tejidos adyacentes, saliva o de cualquier otra cosa que pueda quedar entre la dentina mineralizada y el adhesivo. Cualquier cosa que evite que los agentes adhesivos penetren la dentina intertubular y peritubular acondicionada y grabada compromete el proceso adhesivo, la calidad general y la fuerza de la adhesión.

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